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ANTROPONIMOS CAÑARIS AZUAYOS ORIGINARIOS

TEXTOS Y FOTOS: FRANCISCO LOJANO – FOTOS DE  ALGUNOS LUGARES DE LA PARROQUIA CUMBE

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Se evidencia que uno de los azuayos que más se ocupó de los testimonios de los Cañaris, es Octavio Cordero Palacios, partiendo de esta realidad, los que tenemos el kawsay cañari, intentamos difundir nuestro yachay, aun no debatido e invisibilizado por diversos procesos de la historia ególatra.

En cuanto a la antroponimia o nombres de persona, es tan extensa y variada en nuestra comarca, como la toponimia. Los apellidos de los indios debe haber sido un tiempo nombres propios de individuos, y fuera de alguno que otro, como Sinchi, Pacurucu, Remache, genuinamente que quechuas, todos los restantes tienen que ser cañaris (1).

No solo “debe haber sido” fue y aún es “nombre propio de individuo” y debemos no solo estar orgulloso de ello, sino debemos estar felices de poseer un antropónimo genuino que nos permite ser dignos continuadores de la historia de los cañaris.

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Aunque en el tiempo de la conquista y colonización, que no fue sino un asalto  de las hordas cristianas civilizadoras, como parte de las políticas de establecimiento de las “república de blanco” y “república de indios” muchos runas adoptaron los apellidos de sus verdugos.

De la extensa lista de caciques constantes en esta obra, producto de nuestra indagación y sobre todo de la gran investigación  documental del académico francés Jacques Poloní, hemos extraído, a manera de muestra solamente algunos apellidos que por sus desinencias podríamos considerar propiamente cañaris (2).

Pero también podemos observar que los cañaris como muchos otros runas de varias llaktas cambiaron su antropónimo por apellidos castellanos, respeto a esto el mismo B. Cárdenas anota lo siguiente:

Fue muy habitual que algunos indígenas por sus servicios en las encomiendas primero y luego en las haciendas, solicitaran llevar el apellido de sus encomenderos o patrones, cuestión que fue concedida frecuentemente; o por hazañas notables de estos, los mismos patrones autorizaban a sus indios que firmasen con sus apellidos. Por lo general los indígenas comenzaban afirmar con los apellidos de los patrones cuando aquellos se mantenían al servicio de sus haciendas por largos años (3).

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Es necesario hacer una propuesta de aproximación para intentar una aproximación de los antropónimos cañaris a sus ayllus con sus posibles llaktas de procedencia, para generar interés y una posterior investigación con participación protagónica de los que aún mantienen sus antropónimos como apellidos.

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*Podemos plantear que existe, como en todos los idiomas diferentes que entran en contacto y al  experimentar una yuxtaposición del idioma dominante, una desfonetización del   idioma cañari primero por contacto de convivencia con el Runashimi y luego por dominio impositivo del Castellano.

** Corresponden a antropónimos de procedencia del Runashimi, al entrar en contacto con la lengua de los cañaris  no por conquista de la élite inca, sino mucho antes, motivado quizá por el Comercio Lejano como plantea Alfredo Torero al relacionar con el tráfico del mullu  desde Ecuador.

Es cierto que este breve inventario, y quizá con seguridad incompleto, no revela la realidad de los topónimos cañaris. No es menos cierto también que hace referencia a antropónimos a las cabezas de los señoríos étnicos o a lo que simplemente B. Cárdenas denomina como Caciques cañaris.

En este inventario, no se ha tomado en cuenta los antropónimos, claramente originarios, de Runashimi, como  Sinchi por ejemplo. No es el único hay muchísimos más que no solo evidencian una diversidad de ayllus, sino llaktas completas.

Tampoco los antropónimos cañaris, como Déleg por ejemplo no es parte de esta lista, quizá porque personajes con este antropónimo no llegaron a ocupar cargos de caiques en los ayllus cañaris, pro faltan mucho más que debe ser incluido.

Los topónimos que se relacionan con los antropónimos tampoco son definitivos y quizá no nos indiquen procedencias reales,  porque al reconocer nuestra región como espacio de un “Mosaico Indígena” lo que explica que en la región hubo una continua movilidad de familias completas de un lugar a otro, cercanos unos lejanos otros.

Desde tiempos pre  incas con el comercio lejano, migraciones forzadas, mediante el brutal desarraigo de naciones enteras hacia comarcas  diferentes como políticas expansionistas de la dinastía inca.

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Con  la violenta e inesperada irrupción de los cristianos en los andes, como forma de redistribución de la mano de obra esclavizada o como principal medio de afianzar la colonia mediante el gobierno de los cacicazgos y como fuente de tributos los barbudos también obligaron a los ayllus nativos a migrar.

¿Es posible intentar acceder al significado de los antropónimos cañaris? ¿Es posible reconocer y diferenciar un antropónimo cañari de un no cañari?

Podemos afirmar, para ambas interrogantes, que sí. Es necesario realizar una segmentación de los vocablos entre raíz y terminación para determinar su categoría de sustantivo o verbo que se transforman en adjetivo, actor o protagonista en el primer caso.

Para el caso del reconocimiento y la diferenciación, es posible en base al análisis de los fonemas [sh], [zh], [ss], [ch], [g].

La función de los segmentos terminales como: -cela, -landa, -mbay, -saca, -chi, etc.

El protagonismo o responsabilidad que nos indican raíces como: Sucu-, Saqui-, Asiti-, Llivi-, Guan-, etc.

Definitivamente, la nación o llakta cañari tiene como todo runa de los andes su originalidad fundamentado en la cosmovisión y cosmovivencia, una particularidad que le otorga una riqueza única, pero también una comunidad que le otorga una responsabilidad donde se da testimonio de que nadie es indispensable porque todos somos necesarios.

Entre los cañaris, eso reflejarían los antropónimos, no existe el concepto de líder actual, sino la virtud constante de la práctica del servicio hacia los demás de parte del servidor, este servicio incondicional es reconocido espontáneamente por todos los servidos mediante la aplicación del principio del ayni.

Quizá la vivencia constante en las virtudes y el sumak kawsay, determinó la destrucción, persecución y la invisibilización de los cañaris por constituir una realidad que amenazaba a los intereses egolátricos de sociedades anti andina como la inca.

1.- Palacios Cordero Octavio, El Azuay Histórico, Los cañaris y los inco cañaris, H. Concejo   Provincial del Azuay, Cuenca, 1981, p.1 02.

2.- Cárdenas E, Bolivar, Caciques Cañaris, 2da, edición, Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, Cuenca,2010, p.241

3.- Cardenas, E. Op. cit, p.84.

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