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DE LA SERIE DE LAS UCUYAYAS
Ricardo Montesinos Vial

URCUYAYAS

Después de haber sido invitado a exponer mi trabajo, por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, en el Complejo  Arqueológico de Ingapirca, presenté una mega exposición, la que estuvo compuesta por 58 cuadros, 24 esculturas y 4 Ucuyayas de 10 metros de alto, acostadas en los llanos de este maravilloso centro arqueológico, muestra exhibida en diciembre del 2014 y enero del 2015, pinturas, correspondientes a la serie de las Ucuyayas, serie empezada, aproximadamente hace cuarenta años. Es así, que esta gran exposición, me motivó a escribir algo muy sintético sobre este tema, sobretodo, preocupado por el escaso conocimiento, que existe sobre la religión, especialmente en esta cultura.

La Ucuyaya, o padre de lo profundo,  al igual que los mismos agujeros negros, huecos misteriosos, que absorben todo hacia dentro, y que según físicos teóricos y astrónomos, nos transportan hacia otras dimensiones o mundos paralelos, descubrimiento de una magnitud sin precedentes para la raza humana y la física moderna.  Relacionándole, a la Ucuyaya, con este anterior descubrimiento del siglo XXI, les da la razón de estar, por su tema y contenido religioso, al mismo nivel de los agujeros negros, debiendo estar, por lo tanto, en el sitial cultural más importante de esta América Precolombina.

Soy pintor, y una de mis tantas obsesiones, ha sido presentar en mi obra, la necesidad de lo religioso en el ser humano, su esencia, su permanencia y su proyección hacia lo esotérico, lo metafísico, sus temores y sus pecados. Como cualquier antropólogo, proclamo la  infinita diversidad cultural  en una sola “raza”, término ya en desuso, que aglutina a esta variedad, la del género humano.

Al poniente de la ciudad de Cañar se levanta una singular colina, aislada, enclavada en un paisaje estepario, sublime, abismal, frío, que sobrepasa los tres mil doscientos metros sobre el nivel del mar. Es un sitio arqueológico, cuyos más antiguos restos arrojan fechas de hace cuatro mil años y más, época que los especialistas en prehistoria ecuatoriana denominan “formativa media”. De sus niveles de ocupación antigua, los estudiosos, y sobremanera los cazadores clandestinos de tesoros, han extraído primorosos recipientes con decoraciones pintadas e incisas, modelados de muy fina factura, objetos de hueso animal, esquirlas de pedernal y obsidiana  pulimentadas, en fin, lo que más importa para la ejecución de este artículo, son las pequeñas esculturas, en concha Spondylus, de diez centímetros de alto, promedio, lo que, a decir de quienes han estudiado esta cultura, evidencia, los contactos comerciales instaurados  en aquélla lejana fase, entre los agricultores de la alta plataforma andina y los diestros marineros asentados en la llanura de las costas del golfo de Guayaquil. Estas diminutas esculturas, fundamento de mi escrito, me demostraron, que en su diseño, hay un gran lenguaje esotérico o religioso; es tan así que cada Ucuyaya representa por sí misma, este lenguaje.

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La fría e incompleta nomenclatura de los ecuatorianistas,  designa a los elementos de estas pequeñas estatuas, asociadas siempre a enterramientos,  como “figuras antropomórficas”, pero el nombre de “Ucuyaya”, que proviene de la tradición oral de los habitantes de habla quichua de la zona, etimología que nos remite a “ucu”, de adentro, hondo,profundo, y a “yaya”, padre. Sería “el padre de adentro”, maestro  que nos espera para guiarnos en el más allá, al igual que gurú (en sánscrito), guía realizable en procesos meditativos o contemplativos, mientras estemos vivos, motivándonos a no desperdiciar la maravillosa oportunidad que nos da esta corta vida. Es por lo tanto que, científicamente, podemos describir a la Ucuyaya como a un verdadero agujero negro, (agujero de gusano) hueco capaz de llevarnos a los increíbles mundos paralelos, haciéndonos sentir y vivir su generosidad y grandiosidad.

Las Ucuyayas, esculpidas en concha Spondilus, molusco sagrado para los shamanes de esta América prehispánica no tuvieron jamás un lenguaje casual, ni decorativo, más bien, por ser un material sagrado, diseñándose solo lo sacro. Demostrándonos así, que se manejó el más puro lenguaje esotérico, lenguaje que no está supeditado al tiempo, lenguaje que no evoluciona, lenguaje absoluto, que emana del Causal. El desconocimiento de este idioma por arqueólogos y científicos que se ocuparon de este gran tema, ocasionaron que las Ucuyayas (el Ucuyaya) hayan sido relegadas a un espacio muy secundario, a pesar de que su contenido y significado, representan, la misma esencia filosófica o religiosa, que sustentó a la cultura veda y a muchas otras grandes religiones del mundo, nacidas aproximadamente hace 4.000 años.

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A la Ucuyaya, se le conoce como exvoto funerario, tamaño error, porque en su diseño, se esculpieron tres dedos en las manos, ausencia de piernas; orejas, ojos y cabeza muy grande, lenguaje que se aleja completamente de su anterior descripción (exvoto). Nunca podría ser un exvoto, una escultura con tres dedos en las manos y un sinnúmero de lenguaje esotérico, sabemos que el tres, es un número absoluto, indeformable, manejado aproximadamente por 8.000 años por las religiones del mundo, con este principio esotérico.  Es conocido, que en los entierros se encontraron todas las piezas de valor que existían en las diferentes culturas.

El tres, muy conocido por estos antiguos shamanes en su contenido y significado, nos avisa la existencia de los tres mundos: físico, astral y causal; es una pena, el descubrir, la falta de conocimiento en lo que respecta a la Ucuyaya, dándole un lugar cultural muy alejado de la verdad.  Más bien, la Ucuyaya, es el pilar fundamental de esta cultura de la América prehispánica. Debemos pensar, que hubo 500 años, de destrucción de estos valores religiosos por parte de los inquisidores y conquistadores y creo que ahora nos toca devolverles el sentido religioso que tuvieron ellos (devolverles su alma, alma que les fue quitada) comprometiéndonos a estudiar el verdadero significado del lenguaje de las formas, lenguaje muy expresivo y conocido por los pueblos de esta América prehispánica.

Analizando a estas pequeñas esculturas nos damos cuenta que ninguna de ellas dispone de piernas, siendo las piernas un elemento innecesario para el viaje al más allá.  Estas pequeñas esculturas que parecen flotantes, como ángeles en el aire, dispuestas a llevarnos y protegernos en el más allá,  cabezas enormes, con un tocado extraño y prominente, al vivo estilo del Kundaline, energía descrita en la cultura Veda;  grandes oquedades listas a sumergirse en la luz sideral, orejas gigantescas dispuestas a absorber la maravillosa sinfonía creadora emanadora del causal; como dice en la Biblia, “al principio era el verbo y el verbo era con Dios…”  (verbo igual a luz y sonido).

Con la libertad de la que gozo, le atribuyo a cualquier Ucuyaya lo siguiente: “En el mundo  de adentro, en el mundo profundo y en el mundo de afuera, no se necesita piernas (mundo en el que volamos) sino, una cabeza muy grande, muy cerebral, capaz de guiarnos a los maravillosos mundos mentales,  grandes ojos y grandes orejas, capaces de percibir y oír la corriente del sonido, corriente emanante del verbo creador, y un cuerpo mínimo, cuerpo que nace carente de peso, como si flotara, cuerpo que durante esta efímera vida cargó con el enorme peso de nuestro  mundo físico, mundo lleno de elementos seminales y eternos”.
El estudio de la producción iconográfica de esta América precolombina es un proyecto, que carece de una interpretación definitiva, motivándonos, por lo tanto, a buscar aquella interpretación. Por mi lado, creo que  las artes plásticas están inmersas en este lenguaje, lenguaje bien manejado por las culturas aborígenes, siendo su mejor medio de comunicación simbólica, solo comparable a la escritura de los grandes pueblos letrados.  Es cada vez más olvidada la tendencia a suponer que esta América prehispánica no escribía, que no transmitía sus ideas religiosas y simbólicas.  Lo que sucede, es que no hemos sido capaces de descifrar los misterios esotéricos que encierran las “decoraciones” de los cántaros o las “mutilaciones” de la ucuyaya, lenguaje de los aldeanos primigenios de Narrío mediante el cual se “ligan” con el Cosmos sin tiempo, Cosmos visitado por la Ucuyaya en vida, dando comienzo así a una gran religión verdadera, producto de un viaje o experiencia esotérica.  Como todo pueblo, los de esta América Precolombina tenían una élite cultural que desaparece o ha desaparecido completamente, debido sobre todo, al escaso o ningún manejo, del lenguaje esotérico, por parte de los estudiosos del tema. Hace algunos años iba a menudo a la hacienda de un amigo, en Cañar, en la cual trabajaba un patriarca y cacique de esta localidad, su nombre era José Tenecela, en esa época él tenía aproximadamente 82 años de edad, le pregunté ¿qué es el ucuyaya?  Él, muy esquivamente se me acercó, después de algún tiempo de haberle preguntado, y me dijo, señor, el Ucuyaya es el padre de adentro, de lo profundo. Esto me demostró que la experiencia esotérica vivida por un hombre de Narrío se mantiene en plena vigencia en la actualidad, siendo el Ucuyaya, manejado por una pequeña élite en el Cañar, que sabe exactamente el significado de la Ucuyaya, solamente hay que buscarlos (busquémosles). El estado en que se encontró y se encuentra el conocimiento sobre la religiosidad de los pueblos del Ecuador antiguo es prácticamente nulo, ya que al hablar de religión en la América Precolombina, necesariamente se debe manejar el lenguaje esotérico descrito anteriormente. Conocemos que fueron animistas, condición en la cual  los habitantes ancestrales de la comarca, aparte de haber creado una constelación de seres sobrenaturales,  estaban seguros de  la inmortalidad del alma, un alma que acusa y arremete contra los vivos. El alfarero conjura el peligro de la amenaza de las almas de los muertos que viven cerca de él, dotando a las ollas de un cuerpo humano para que  en él  se alberguen y no se introduzcan en su cuerpo  para infringirle dolor, enfermedad y deceso.

La visión euro céntrica de los inquisidores culturales, que niega a los aborígenes de las Américas precolombinas la posibilidad de haber llegado a un sistema religioso, en los que el núcleo es un Ser Todopoderoso e Irrepresentable.  La Ucuyaya es el indicio de la contraposición a este enfoque. Estas pequeñas esculturas hechas en concha Spondylus corresponden al nacimiento de una gran religión de esta América precolombina. Milenios atrás, los antiguos cultivadores de maíz de la cuenca del Cañar, tenían sus maestros, sus chamanes, que quizá obtuvieron su sabiduría en las entrañas de la floresta amazónica, febril mundo ligado al Supremo mediante la ayahuasca y el aguacolla, alucinógenos capaces de llevarnos a través de la “puerta falsa” a  un mundo mental, universo ajeno a todo lo material.

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Extrañamente, los “chamanes”  de Narrío coinciden con la visión religiosa del universo descrita  por los derviches vedas y un sin número de religiones, para quienes el mundo de adentro es el mundo de afuera, el que nos permite la introspección de nuestro propio comienzo para llevarnos y sentirnos parte de este universo causal. Tratándose  de un paralelismo cultural que responde a la misma pregunta eterna que ocupa a los pensadores de todo lado: la naturaleza y la meta del espíritu del hombre, que es ir hacia adentro, hacia lo profundo, hacia lo causal.

Me he permitido intitular a esta sucinta disertación como “padre de afuera”, porque nosotros en nuestros viajes, salimos hacia afuera, hacia los mundos paralelos, mundos llenos de luz y sonido, mundos maravillosos e inexpresables, en donde el Yo desaparece, pasando a ser parte del todo y dándonos el conocimiento de lo que somos. El Ucuyaya es el guía de los vivos, el maestro, que nos muestra los grandes universos paralelos, donde no hay tiempo ni espacio, solamente esencia divina, de donde el alma proviene, para regresar.  La Ucuyaya con sus tres dedos en las manos y un sin número de lenguaje esotérico, que no se puede describir ahora, por el tiempo que tomaría, es la base de un gran conocimiento religioso, que nos lleva a los mundos físico, mental y causal, tal como el AUM representa al sonido de los tres mundos de la cultura Veda o como en la religión cristiana, Padre Hijo y espíritu santo (el tres, número áurico).  Como todo proceso cultural, la idea religiosa sustenta una práctica y una experiencia;  experimentada y manejada por los hombres de Narrío, y en este caso, la aceptación de que el hombre viene de lo Causal, asociado alceremonial del comienzo de la otra vida (la reencarnación), que jugó un papel de cohesión tribal, en torno al significado de la Ucuyaya, comunicando a los vivos de cualquier lado del planeta, la evidencia sobre lo que viene después de esta vida (llegar al universo del padre de adentro o padre de lo causal).

Mi serie de “Las Ucuyayas” fue concebida, para rendir un sincero homenaje al maravilloso conocimiento que tuvieron los shamanes y maestros andinos, que a pesar de los inquisidores culturales, no desaparecieron totalmente, y que viajando al más allá, crearon la gran religión de La Ucuyaya, por lo tanto, son el más alto y fino espíritu religioso de esta América Precolombina.

Las Ucuyayas, debido a su contenido y significado, son las piezas precolombinas, más importantes que tiene la cultura de esta América.

Dedico el presente artículo al Dr. Napoleón Almeida y al Sr. Agustín Valdivieso, amigos que me sumergieron en el maravilloso mundo de las Ucuyayas.

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