CUENCA PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

Cuenca, este 1ero de Diciembre de 2011 cumple 12 años de haber sido declarada Patrimonio Cultural de la Humaniad, la ciudad patrimonial es magia y encanto. Las calles adoquinadas se pierden entre recovecos de casas solariegas y balcones floridos. El Barranco se cuelga sobre el torrentoso Tomebamba, mientras las lavanderas tiñen de mil colores los llanos verdecidos. Los vientos que bajan del páramo de El Cajas cruzan las hondonadas trayendo los aromas de cipreses y arrayanes. Los conciertos del viento y del agua van dejando el eco en la llanura grande como el cielo. Pumapungo duerme su sueño milenario, entre el bullicio de la nueva ciudad que despierta apenas raya el día, con olor a pan. Tomebamba milenaria en donde el inca Huayna Cápac nació para reinar y hacer el imperio más grande de América.

                              VISTA DEL BARRANCO POR LA NOCHE

Los caminantes empedernidos hacen honor a la lira en El Barranco. Se tienden entre los llanos y sueñan con la ciudad de sol y de sombras. Las nubes se mueven despacio en los cielos coronados de estrellas, en las noches tibias. Las campanas se oyen a lo lejos, mientras las palomas tiñen con sus alas plateadas las cúpulas que desafían al tiempo. Las iglesias son lugar para la reflexión y el descanso del alma. Las plegarias, casi imperceptibles, se elevan en los altares y vuelven a los fieles. El mármol y el oro se confunden en un brillo de encanto.

Hombres de cabezas nevadas por los inviernos de la existencia, iconoclastas, cuentan las historias de todas las épocas. Caminan desde el siglo pasado viendo como la ciudad patrimonial crece sin remordimientos, conjugando lo colonial con el modernismo. Los árboles les cobijan en los días y tardes de tertulia. Son seres del presente que siguen rememorando el pasado de la ciudad altiva que se hizo con las manos de su gente y sigue fiel los legados de sus mayores.

                                INTERIOR CATEDRA DE CUENCA

Los patios interiores de las casas de calicanto, en las noches de luna. La familia en derredor, como comunión de vida, sueñan y despiertan temprano, y se exigen hacia los desafíos para ganarse el pan de cada día.

Plazas y plazoletas lucen espléndidas, apacibles. Son lugares para el descanso y meditación de gente venida de aquí y de todas partes. La piedra labrada invita a quedarse.

Las orillas de los ríos conducen al caminante, apenas el sol raya el amanecer. Hombres y mujeres caminan o trotan despacio en las sendas dispuestas entre sauces, eucaliptos y jacaras. Van al compás del susurrar de las aguas correntosas y de los vientos mañaneros, que arrancan sinfonías a los sauces que esparcen su tristeza en las orillas.

El día es febril. Las calles se llenan de gente que apuran sus actividades cotidianas. Son miles de sonidos que se confunden con los caprichos de las brisas tranquilas de las hondonadas. La ciudad toma un respiro, mientras las familias comparten la mesa. Los ecos nuevamente se introducen en la tarde, hasta que los arreboles parten al trópico, con los últimos rayos del sol.

La noche se enciende con las luces que iluminan las cúpulas de las iglesias. Son una invitación para caminar en el silencio y ver la ciudad maravillosa. Transitan despacio y se solazan con los paisajes urbanos que se muestran por doquier en la bóveda estrellada. Al derredor, las montañas cercan los sueños de los que se quedaron para siempre.

Las noches cuencanas incendian el cielo. Los fuegos artificiales se parten en mil colores entre las catedrales. Las bandas de pueblo animan la fiesta. Los cuetes estremecen la noche. Revientan en lo más alto y se derraman en cascadas de fuego. El canelazo calienta el cuerpo y el espíritu. El baile se prende hasta la madrugada.

Cuenca, me encanta, ciudad de cultura, tradición, historia milenaria, de gente altiva, trabajadora, que te enrumba hacia un progreso que nadie podrá detenerlo.

VIVA CUENCA CIUDAD PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

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