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Cuzay: “Urcuyaya” de Bullcay

VISTA DEL PERFIL DEL CERRO CUZAY

Texto y Fotos:
Ing. Edgar Miller
Especialización Superior en Historia

Los Cañaris pobladores de los territorios de las provincias del Azuay, Cañar y parte de las Provincia  de: Chimborazo, Morona Santiago, Zamora Chinchipe, Loja, El Oro y Guayas. Los mismos existieron aproximadamente desde el año 2300 AC hasta 1400 DC año desde el cual fueron sometidos por los conquistadores Incas y que los subyugaron por el lapso aproximado de 100 años hasta 1532 que con la muerte de Atahualpa en manos de Francisco Pizarro comienza la época colonial y de dominación española.

Fueron aproximadamente 3000 años de existencia con sus costumbres ancestrales, sus adoratorios en los distintos cerros y montañas de la región austral. La mayoría de las cuales presentan aspectos antropomorfos y zoomorfos. Solo basta desviar la vista a las alturas y divisar la diferentes formas que nos presentan los cerros circundantes.

El denominado “Urcuyaya” (padre cerro) en las religiones andinas “era el más dinámico de todas las huacas masculinas, y en las tormentas manifestaba su unidad con el  relampagueante “Illipa” (el trueno): figura heroíca que portaba la honda dorada del relámpago y que estaba armada de lluvia, granizo y truenos. Después de la conquista española y entreverando con el santo patrono de España, Illapa se transmutó en el armígero “Patrón Santiago”, guerrero a caballo, cuyas pisadas retumbaban con el trueno, mientras su relámpago se confundía con la destellante espada o “apus” , como dioses protectores, no solo eran los proveedores de las lluvias fertilizantes, sino también decidían sobre la vida y la muerte y eran generosos donadores de riquezas, pues en sus entrañas se laboraba el oro y otros metales preciosos. A cambio, los eventuales favorecidos debían ofrecer a los “apus” ofrendas sacrificiales”. (Moreno Yánez, Cultura y Religiosidad, 2007, II, 175).

Estos cerros eran objeto de adoración por parte de los cañaris, en especial aquellas montañas que tenían formas antropomorfas y zoomorfas, pues creían que los mismos representaban la forma de sus dioses. Otras teorías manifiestan también que los cañaris adecuaban los cerros de acuerdo a sus diferentes creencias en un sincretismo que solamente ellos poseían: “Los cañaris como técnica constructiva, esculpían o -readecuaban a mano- los accidentes geográficos que consideraban sagrados: ríos, lagunas, montañas, peñas-rocosas y otros. En las esculturas gigantes y monumentales presentes en el austro se encuentran estampadas las figuras como parte de una cultura siempre guerrera: “La eterna actitud y posición vigilante-estratégica-guerrera-cañari desde lo alto de los andes, como estrategia guerrera y para infundir grandeza en revelante auto-homenaje para los siglos a la raza cañari”.  (Teodoro Rodríguez M., Revista Cuenca Ilustre, Abril 2007, 39).

VISTA DEL EL CERRO CUZAY

Es difícil no creer que durante 3000 años de existencia de los cañaris en estas tierras  no se tengan evidencias palpables de su realidad, si de los incas con 100 años aproximados de dominación existen varios testimonios uno de los más importantes es sin duda Ingapirca construido sobre un Urcuyaya Cañari, así lo evidencia la famosa mal denominada “Cara del Inca”, pues aquella escultura fue realizada por los cañaris como una obra monumental evidenciando su técnica constructiva.

Hasta hace unos años se manifestaba que aquellas formaciones rocosas situadas en los cerros que circundan el austro ecuatoriano eran formaciones naturales, pero poco a poco se van cambiando los criterios y se pone en duda esta teoría al admirar las constantes repeticiones de estas figuras gigantes en toda la zona del austro ecuatoriano y en otros lugares de toda sudamérica e inclusive norteamérica.

“Esculturas gigantes cañaris -elaboradas a mano- que pueden tener relación con los gravados del pueblo Nazca (Perú), Isla de Pascua (Chile), California (EEUU): En una cadena intercontinental de gravados y esculturas”. (Teodoro Rodríguez M., Revista Cuenca Ilustre, Abril 2007, 40).

En el sector de Bullcay, junto a la vía que conduce al cantón Gualaceo, en la parte posterior de los asaderos de pollos, y de la gasolinera existente, se encuentra imponente el cerro denominado “Cusay”,  que muchos no se percatan de su forma y perfil. En la actualidad  cerca de su cumbre existe una pequeña ermita en honor a la virgen María. Un pequeño camino lo llevan hasta la misma.

Nos imaginamos que en la época aborígen debió ser centro o un adoratorio de los antiguos pobladores, pues como manifestamos los cañaris  adecuaban y adoraban este tipo de cerros. Según Garcilazo de la Vega cronista de indias manifiesta sobre los cañaris: ”los cañaris adoran como dioses principales a la Luna, a los árboles y a las piedras jaspeadas o de rara configuración. Los habitantes del Cuzco en el Perú, eran los adoradores del Sol, al que lo llamaban Inti. Todas sus artes, costumbres, instituciones, gobierno y religión estaban saturadas de este culto, como los Egipcios a su río Nilo”.

Cusay por la forma de su perfil asemeja un rostro humano, lucubremos un poco, y meditemos transportándonos imaginariamente unos 800 años a trás en el tiempo, como debía haber estado este cerro, bien delineado, sin malezas pues era un totem o una representación de algún dios de los aborígenes cañaris de la zona. Es como nosotros en la época actual que tenemos nuestras iglesias muy bien conservadas, nuestras advocaciones a los diferentes santos y vírgenes que nos impusieron los conquistadores españoles, entonces porque no abrir nuestra mente y dar cavida a esta teoría.

GRUTA EN HONOR A LA
VIRGEN MARÍA UBICADO EN LA CIMA DEL CERRO CUZAY

Sería importante concienciar a los investigadores, arqueólogos y demás gestores culturales a dar la importancia que se merecen estas obras esculturales monumentales de los cañaris, si sobre ellos no se conoce mucho, pero sus obras y esculturas están allí y sobreviven al paso inclemente del tiempo, la agresión de la erosión, pero todavía mantienen sus formas. Estas esculturas pueden convertirse en un nuevo patrimonio del país si se lograran rescatarlas del olvido y ponerlas en valor.

Solo basta averiguar cuanta gente viaja a la Isla de Pascua en Chile para observar los cientos de monolitos de piedra que existen en esa isla y nosotros poseemos en una cantidad inmensa en los andes australes ecuatorianos y no existe ninguna institución que los pueda recuperar.

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