La Independencia Ecuatoriana desde una nueva concepción

por Ing. Patricio Miller – Diplomado en Marketing Turístico – Especialidad Superior en Historia

            Al analizar el proceso de la independencia hispanoamericana nos encontramos con varios factores que desencadenaron acontecimientos desarrollados a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Una crisis colonial que desató el colapso de la Monarquía Hispánica, terminando con la emancipación de América. La finalización de la época colonial, dió paso al nacimiento de repúblicas independientes que comenzaron una nueva etapa llena de vicisitudes denominada la época republicana. Varias son las consideraciones trastocadas en el proceso independentista americano como la nueva concepción de soberanía, ciudadanía y autonomía, la transformación de la cultura política que se da en la época de la llamada ilustración, la irrupción de la prensa y la creación de espacios de opinión, así como el primer constitucionalismo de las Cortes de Cadiz y los inicios de liberalismo republicano[1]. Aspectos que nos llevan a realizar un análisis y cuestionamiento de las razones que tuvieron tanto los movimientos insurgentes como los fidelistas para emprender estas luchas, sus causas estructurales y coyunturales que determinaron y confluyeron en la independencia americana.

            El territorio que hoy corresponde al Ecuador no podía estar fuera de todo este marco de acontecimientos que cambiaron la vida y el futuro de la Patria, inmerso en lo que en esa época se denominaba la Real Audiencia de Quito, bajo la regencia del Virreinado del Perú se vieron frustradas sus aspiraciones de convertirse en Capitanía General, como si lograron otras regiones dentro de la colonia española. Ideales de dejar la dependencia de los virreinatos de Lima y Bogotá, así como sucesos acaecidos en Europa: la invasión de Napoleón a España con la abdicación del rey Fernando VII y la proclamación como rey de España de José Bonaparte, la insurrección en contra de la dominación francesa y la creación de las Juntas Supremas en la península Ibérica. Provocaron que en Quito el 10 de Agosto de 1809 varios conjurados quiteños, de la nobleza criolla como Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, funcionarios de la Audiencia, y un personaje de la orden religiosa como fue el obispo Cuero y Caicedo, así como otros personajes mas, depusieran a las autoridades españolas y formaran la “Junta Suprema de Quito”, la cual gobernaría a nombre de Fernando VII, “mientras su majestad recupere la Península o viniere a imperar en América”[2]. Proclamando como presidente de la junta a Juan Pío Montúfar. Observando con la frase que antecede que los insurrectos eran hombres conservadores, fieles al rey, que no deseaban ser gobernados por los franceses y que pedían el regreso de Fernando VII, más estaban en contra de los virreyes de Lima y Bogotá, propugnaban sus intereses políticos y económicos más favorables para la Audiencia de Quito. Pero este acto de insurgencia no tuvo el apoyo esperado del pueblo quiteño ni de las ciudades importantes de la Audiencia como Guayaquil, Popayán y Cuenca que más bien rechazaron el movimiento de Quito. Por lo cual tuvieron que desistir y devolver el poder a los españoles sin antes negociar para que no se tomen represalías. Casi un año después el 2 de Agosto de 1810 con la llegada de tropas realistas de Lima y Bogotá se producen los hecho conocidos como la “masacre de Quito”, en donde son apresados los conjurados del 10 de Agosto encarcelados y condenados a muerte. Estos acontecimientos calaron hondamente en toda América, procovando en Simón Bolívar la declaratoria de “guerra a muerte” por los crímenes del gobierno español en Quito y el cabildo independiente de Valparaíso en Chile coloca una  placa en el faro del puerto dedicada a Quito “Luz de América”. Es importante dar a conocer que en 1809, en un lapso de tres semanas se instalan en Charcas, Alto Perú hoy Bolivia el 16 de Julio y en Quito el 10 de Agosto Juntas de Gobierno cuyo propósito fue legislar a nombre de Fernando VII el rey abdicado.

Recalcar que los acontecimientos del 10 de agosto de 1809, vienen a producirse luego de varios procesos iniciados con las reformas borbónicas puestas en marcha por Carlos III, el aparecimiento de la ilustración, y otros acontecimientos que se encuentran en un punto determinante que es la independencia americana. El despotismo ilustrado que invade a Europa, se refleja en España a través del siglo XVIII y es durante el reinado de Carlos III cuando se desenvuelve de una forma especial, También el espíritu general del siglo de las luces tuvo su resonancia en los cuatro virreinatos españoles, manifestándose en América con el movimiento de la época inclinado a las reformas interiores y a cuanto fuera extensión cultural y cambio de ideas[3].

Son las juntas supremas creadas en todas las provincias españolas y reinos americanos españoles que con el fin de gobernarse a causa de la invasión francesa y la abdicación de Fernando VII, pues a falta del rey,  “la soberanía recaía en el pueblo”. Los americanos de todas las clases, estratos y castas expresaron su fidelidad al Rey, oposición a Napoleón y la determinación de defender sus patrias de los franceses. Proceso que puso en marcha la maquinaria democrática en el imperio español, formándose en 1808 en Madrid la Junta Central para resistir a los conquistadores franceses y en enero de 1809 desde Sevilla se promulga el decreto que establece que los dominios españoles en América no eran colonias sino parte integrante de la monarquía española, es decir reinos con derechos a representación. En la América Española se realizan elecciones como pequeños embriones de democracia para acceder a representantes para la Junta Central de Cadiz. Los diputados de España y América, expidieron la Constitución de la Monarquía Española en 1812, transformando con esta legislación el mundo hispánico pues concedieron el derecho al sufragio a todos los hombres, salvo a los de orígen africano, sin requisitos de educación, propiedad, es decir aumentaron el electorado, estableciendo tres niveles de gobierno representativo: la ciudad con el ayuntamiento constitucional; la provincia, con la diputación provincial y la Monarquía con las cortes. Esta era constitucional terminó en mayo de 1814 cuando Fernando VII retornó al poder y abolió las Cortes y la Constitución restaurando el absolutismo. En esta época solo el Río de la Plata consevó su autonomía. Desencadenando el comienzo de las batallas por la independencia con el General San Martín a la cabeza proclamando su independencia en 1816, con la creación de las provincias unidas de Sudamérica. Al siguiente año fue la Capitanía General de Chile la que proclama su independencia y los años posteriores Venezuela y las otras repúblicas americanas. Situación que obliga a Fernando VII restablecer la constitución en 1820, con un ministerio compuesto por liberales españoles, quienes intentaron sofocar las reveliones y luchas independentistas en América, sin conseguirlo. Rehabilitaron las estructuras constitucionales del gobierno tratando de celebrar elecciones de inmediato, ordenando un cese al fuego, intercambio de prisioneros y el principio de diálogos de paz. La gente de América deseaban las nuevas elecciones, tanto es así que La Nueva España y el Reino de Guatemala recibieron con agrado esta noticia, muchos manifestaron que era más prudente restablecer el gobierno autónomo al interior de la monarquía. Pero al realizarse la reunión de diputados en las cortes, la mayoría de ellos españoles rechazaron las propuestas de los diputados americanos que eran minoría y que solicitaban crear los reinos americanos autónomos. Esa negativa fue razón suficiente para que los dirigentes de la Nueva España proclamaran su independencia de la monarquía española[4].

Analizar la suprema importancia que tuvieron las Juntas en esta etapa de la historia colonial, tanto fue es así que en Quito luego de los acontecimientos de 1810, se instaura la segunda junta presidida por el obispo-presidente Cuero y Caicedo, misma que proclama la independencia de España el 11 de Diciembre de 1811 promulgando una constitución denominada “Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre las Provincias que forman el Estado de Quito” en la cual se reconocía a Fernando VII como soberano, ésta constitución fue un avance en su tiempo pues puso las bases de un nuevo estado[5]. Sobreviviendo dicha junta solamente hasta el 1 de diciembre de 1812 cuando cerca de la laguna de Yaguarcocha el coronel realista Juan Sámano venció a los patriotas, fusilando a varios de sus líderes y dando fin a la Revolución Quiteña.

La campaña definitiva de emancipación de la Audiencia de Quito se inicia con la independencia de Guayaquil el 9 de Octubre de 1820, formándose la División Protectora de Quito, que empujaba la liberación de la sierra, seguida de la independencia de Cuenca el 3 de noviembre de 1820 y de movimientos independentistas en Machachi, Latacunga, Riobamba, Ambato y Alausí. Pero, Quito en donde se encontraban acantonadas las fuerzas realistas no se pronunció,  apesar de que la División Protectora avanzó hasta el centro de la sierra venciendo a los realistas en el camino Real, éstos los enfrentaron en Huachi venciendo a los patriotas que se retiraron a Babahoyo. El 20 de Diciembre de 1820, las fuerzas realistas derrotan a los cuencanos en la Batalla de Verdeloma volviendo a ocupar la ciudad, fusilando a los insurrectos.

A mediados de 1821 fuerzas del sur comandadas por los generales de San Martín, y del norte comandadas por Sucre procedieron a culminar la independencia definitiva de la Audiencia de Quito, vencieron en Cone a los realistas, cerca de Yaguachi el 19 de Agosto de 1821, y fueron vencidos en Huachi el 12 de Septiembre. El ejército Colombiano y de San Martín se reúnen en el sur de Cuenca a mediados de febrero de 1822 entrando en la ciudad y proclamando su independencia definitiva el 21 de febrero de 1822. Igualmente luego de la batalla de Tapi se aseguró la libertad de Riobamba el 21 de Abril. Llegando a Quito el 24 de Mayo en donde se realiza la definitiva batalla por la independencia que selló la libertad de la Audiencia de Quito de la monarquía española, un cruento combate en donde estuvieron neogranadinos, guayaquileños, quiteños, cuencanos, argentinos, chilenos, peruanos, venezolanos, altoperuanos y el apoyo de ingleses, que triunfaron sobre Aymerich entonces presidente de la Audiencia que capituló entregando la ciudad y sus armas.

Es indispensable dar a conocer a los actores invisibilizados y sin nombre de la independencia hispanoamericana, que son las mujeres, indígenas y negros. Quienes estaban dentro de los ejércitos tanto realistas fieles a la monarquía española y los que estaban con los insurrectos, denominados patriotas de la independencia. Mujeres que acompañaban a los ejércitos, mismas que: cocinaban, curaban y estaban para colaborar con las causas idependentistas, inclusive siendo objeto de torturas y hasta de fusilamientos en estas cruentas batallas. Indígenas que formaban parte de las milicias que acompañaban a los ejércitos en las luchas armadas contra los realistas, como el caso de la Batalla de Verdeloma en donde fueron milicianos, armados con pocos fusiles y sobre todo de palos y piedras, quienes no resistieron la arremetida del ejército español que los acribilló, retomando el control de Cuenca. Negros afrodescendientes que enarbolaron la bandera de la libertad prometida por los emancipadores de América, ofrendaron su vida por esta causa, obligados como esclavos que eran en esa época, fueron la carne de cañón de las luchas libertarias. Enrolados algunos en los ejércitos por el status que les brindaba ser miembros de ellos, y la “libertad” que les otorgaba esta jerarquía.  Se le ofreció a los indígenas la liberación del tributo y a los negros esclavos la manumisión, si ambos sectores demostraban su compromiso con el ejército patriota, pero las nuevas repúblicas no pudieron sobrevivir sin el tributo indígena, tanto que obligó a Bolívar volver a instaurarlo. Asi mismo las haciendas no podían sobrevivir sin la mano de obra esclava por lo que San Martín debió dar marcha a tras en lo que tiene que ver a manumisión de los esclavos y envió cuadrillas para volver a reclutar esclavos y devolverlos a las haciendas, si éstos no presentaban boleta de conscripción. En América solamente medio siglo después se pudo hacer realidad lo establecido en el proyecto de constitución de las Cortes de Cadiz difundido en la Constitución Liberal de 1812, sobre la cual se apoyaron los líderes de la independencia americana, creando como manifiestan algunos autores expectativas efímeras en los sectores populares, es decir la extinción del tributo que había sometido a los indios a la condición de vasallos, y la abolición de la esclavitud que por siglos había estigmatizado a negros, zambos y mulatos[6].


[1] Ana Luz Borrero, Historia Política de la Independencia Ecuatoriana, Sílabos, 2011, p. 1.

[2] Carlos Landázuri Camacho, La Independencia y la Etapa Colombiana, en Manual de la Historia del Ecuador I, Corporación Editora Nacional, Ecuador, 2008, p. 106.

[3] Cayetano Alcázar, Los Virreinatos en el siglo XVIII, 1945.

[4] Jaime E. Rodríguez, La Revolución Política durante la Epoca de la Independencia Reino de Quito 1808-1822, Corporacion Editora Nacional, 2006, p. 58.

[5] Carlos Landázuri Camacho, La independencia y la Etapa Colombiana, en Manual de la Historia del Ecuador I, Corporación Editora Nacional, Ecuador, 2008, p. 108.

[6] Scarlett O´Phelan Godoy, El Proceso de Independencia en el Perú, P. 128, 129.

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