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Antonio José de Sucre, El Gran Mariscal de Ayacucho y las guerras de independencia Americanas

POR: Aida Abril y Patricio Miller

SUCRE MARISCAL DE AYACUCHO

    El reconocimiento de los grandes hombres americanos es un deber de las nuevas generaciones, comprender que la independencia americana fue un largo proceso de luchas, consignas y batallas en las cuales intervinieron patriotas de todas las castas sociales, llevados por el deseo de liberar a sus pueblos, nobles, criollos, mestizos, indios, negros, sambos, mulatos, mujeres y niños que por convicciones propias u obligados participaron en este período que cambió el rumbo de hispanoamérica y del mundo. Muchos murieron ofrendando lo más valioso que tiene un ser humano “su vida” por la libertad de sus pueblos. Tener conciencia que Hispanoamérica fue una sola región cobijada por un mismo idioma pero que lamentablemente por intereses personales o de grupos se desmembró en lo que hoy son los diferentes países que la conforman. Resaltar a quienes sellaron y apoyaron la independencia en las diferentes batallas es una necesidad de entender que todos trabajaron bajo una misma consigna “engrandecer a la patria sudamericana”.

SUCRE UNA PEQUEÑA SEMBLANZA DE SU VIDA

Antonio José de Sucre nació en Cumaná, actual Venezuela, el 3 de febrero del año de  1795,  Militar y político. Perteneció a una familia muy distinguida  venezolana de larga tradición militar,  su padre, el teniente coronel Vicente de Sucre, teniente del ejército español, y Doña María Manuela de Alcalá su madre que la perdió aún siendo niño. Su educación general, fue deficiente la recibió de  su tío José Manuel. En Cumaná recibió un curso especial de militarismo de un coronel de ingenieros, quién le enseñó matemáticas y los principios de fortificación; se alistó en el ejército patriota como alférez de ingenieros. Contaba con quince años cuando se dio el grito de Independencia en Caracas en 1810.

La Junta revolucionaria lo ascendió a teniente, y más tarde, se le dio el mando de la  artillería en Barcelona, villa cercana a su ciudad nativa, y a sus diecisiete años formó parte del Estado Mayor del Generalísimo Don Francisco de Miranda, a quien acompañó en las campañas de Valencia y Aragua contra los realistas.

Con su ideas enmancipadoras, en las anteriores campañas obtuvo su primer fracaso por lo que se refugió en la isla de Trinidad, en donde se relacionó con Nariño, a quien siguió en 1813 en la marcha de reconquista de Venezuela, en la cual tomó Cumaná e intervino en la organización del ejército de Oriente.
Su energía y sus dotes para la guerra decretaron su ascenso a teniente coronel, y como tal participó en la arremetida sobre Caracas. Fue vencido su ejército en Aragua y Urica, por lo que tuvo que huir para no ser apresado por los realistas. En 1815 participó enérgicamente en la defensa de Cartagena de Indias, desde donde pasó a combatir en la Guayana y el bajo Orinoco.

En el año de 1818 con el grado de general de brigada, marchó hacia Angostura, en donde Simón Bolívar había instalado su cuartel general y organizaba la República,  ganándose la amistad y el respeto del Libertador, quien destacó siempre sus dotes militares y su elevado sentido de la moralidad.

Más tarde integró el estado mayor de Bolívar y fue designado integrante de la comisión que firmó el armisticio y la regulación de la guerra en Santa Ana de Trujillo en el año de 1820.

En 1821, marchó al frente de un ejército en apoyo de la sublevación de Guayaquil, puerto al cual también arribaron tropas del general  San Martín. Comenzando entonces la campaña de liberación del Ecuador, que culminó en Pichincha, batalla librada en 1822.

Con esta victoria de Sucre sobre los realistas, se consolidó la independencia de la Gran Colombia, que consumó la independencia Ecuatoriana y allanó el camino para la liberación del Perú, tras la renuncia del General San Martín. Sucre arribó a Lima en 1823, precediendo a Bolívar, quien tomó todos los poderes en el país. Luchó junto al Libertador en la batalla de Junín y, el 9 de diciembre de 1824, venció al virrey La Serna en Ayacucho, acción que significó el fin del dominio español en el continente sudamericano.

El Parlamento peruano lo nombró Gran Mariscal y General en Jefe de los Ejércitos. Al frente de éstos marchó hacia el Alto Perú, donde proclamó la República de Bolivia en homenaje al Libertador, a quien encargó la redacción de su Constitución. La Asamblea local lo nombró presidente vitalicio, pero dimitió en 1828 a raíz de los motines y la presión de los peruanos opuestos a la independencia boliviana.

Se retiró entonces a Ecuador acompañado de su hija y de su esposa, la marquesa de Solanda.

Acudió en ayuda de Colombia, invadida por el presidente peruano de origen cuencano José Domingo La Mar, a quien derrotó en el Portete de Tarqui a donde llegó el 28 de Enero de 1829, tras hacer una campaña de  treinta días derrotó al ejército peruano ratificando su victoria en el Tratado de Paz firmado en Girón el 1 de Marzo de 1829. Y luego tras la firma del tratado de Piura, se marchó hacia Bogotá como delegado de Ecuador ante el Congreso que allí se reunía, cabe destacar que en esos momento lo que era la Gran Colombia de Bolívar se encontraba ya en proceso de desintegración. Formó parte de la comisión encargada de negociar la unión con el General Páez, alzado en armas por la independencia de Venezuela.

Posteriormente, también el Ecuador declaró su independencia, y hacia allá se dirigía para evitarla, cuando en la sierra de Berruecos cayó víctima de una emboscada que según los historiadores manifiestan que fue el mal recordado General Flores, que por sus mezquinos intereses fue el autor intelectual de este asesinato.

ASESINATO DE SUCRE

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